28/9/16

Amelia y Daniel (cuarta parte)

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DANIEL

El silencio que caminaba con ellos durante los primeros minutos no fue incómodo, para sorpresa de Daniel. Más bien se trataba de una tregua en la que ambos pudieron pensar qué decir a continuación o entender, al menos, qué estaba ocurriendo. Todo había pasado demasiado rápido y los pensamientos pasaban por su cabeza como coches en una autopista de noche, las luces pasando a toda velocidad frente a él pero sin poder fijar la vista en una por más de un segundo.

El paso atrás de Andrea, el por qué no se lo había dicho, el gesto de Amelia al aparecer para avisarle de que su amiga no iba a venir. Por un momento se imaginó en el restaurante, esperando hasta darse cuenta de que nadie iba a aparecer. ¿Cuánto tiempo hubiese esperado? ¿Cuántos minutos de espera se merecía lo que fuese que había entre él y Andrea? Nunca lo sabría, aunque caminando al lado de Amelia tampoco se preocupó por no saber la respuesta.

—¿Estás bien?

Sin dejar de caminar, Daniel se giró hacia Amelia, que lo miraba preocupada. No sabía cuánto tiempo llevaban caminando, aunque en seguida se dio cuenta de que habían llegado al final de las Ramblas y que se encontraban cruzando la calle para llegar al puerto.

—Sí, lo siento. Estaba pensando. 

—¿En Andrea? Lo siento mucho, lo que ha hecho no está bien.

—No te disculpes por ella —dijo, un poco preocupado por Amelia, a pesar de no conocerla—. Lo que has hecho hoy dice mucho de ti.

—Es mi amiga, pero no creía ser capaz de dormir tranquila si no te avisaba. Creo que al menos merecías una explicación.

—Gracias —dijo Daniel, y justo paró de caminar cuando iban a entrar en el puente—. Oye, ¿estás bien? —preguntó él esta vez al ver la expresión de Amelia.

Se había quedado mirando el puente de madera, completamente perdida en sus pensamientos. Parecía triste y un poco enfadada, como si pudiese echarse a llorar en cualquier momento. Aquel cambio le preocupó, y se sorprendió pensando que ojalá tuvieran la suficiente confianza como para preguntarle qué le había puesto de aquella manera. No la conocía, es cierto, pero no le gustaba verla así.

Amelia apartó la mirada del puente y le miró a los ojos, claramente aguantando las lágrimas. Forzó una sonrisa y asintió, apartando la mirada al instante.

—¿Quieres que nos sentemos al final del puente? —preguntó, ajustándose el abrigo.

—¿Te apetece? No pareces muy a gusto. 

—¿Qué? Oh, ya —susurró mientras bajaba la mirada al suelo. Con un movimiento rápido se apartó el pelo de la cara y volvió a sonreírle, esta vez un poco más de verdad—. No es nada. Es que este lugar me trae recuerdos. Ven, vamos, yo mando, ¿no?

—Tú mandas —respondió Daniel, sonriendo también.

Él no tuvo que forzar la sonrisa.
Ésta es la cuarta parte de una historia corta que empecé a escribir tras terminar de ver uno de los capítulos de Cites, la serie emitida por TV3 y que se ha convertido en una de mis favoritas. No es nada especial, no buscaba nada, solo practicar un poco y jugar con los personajes y la situación, a ver qué salía. Espero vuestra sincera opinión. Podéis leerlo todo aquí ✍🏻

7/9/16

Amelia y Daniel (tercera parte)

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AMELIA

El corazón le latía a mil por hora. Se quedó varios segundos de pie en la puerta del restaurante, viendo cómo la gente pasaba frente a ella en ambas direcciones. Sabía hacia dónde tenía que ir para coger el metro y volver a casa, pero por alguna extraña razón sentía que no podía irse todavía.

Así que hizo lo único que la ayudaba a pensar: caminar.

Sin pensarlo giró a la izquierda. El metro quedaba al final de la calle si giraba hacia la derecha, así que lo mejor sería alejarse tanto como pudiera del camino de vuelta a casa. La calle todavía estaba mojada. Había llovido durante toda la tarde sin parar, limpiando la ciudad en más de una manera. A Amelia le encantaba aquella sensación de después de llover durante horas. El olor, los colores, las luces reflejadas en las calles mojadas y el ambiente renovado. La calma después de la tormenta, que solían decir.

Siguió caminando por la calle estrecha y escondida en la que se encontraba el restaurante, en el barrio gótico de Barcelona. Se quedó quieta de nuevo al llegar al final de la calle, que daba a las Ramblas. El ambiente allí era completamente diferente, con mucha más gente paseando. Siempre le sorprendía cómo podían existir tantas Barcelonas diferentes, y que para pasar de una a otra solo tenías que cruzar la calle.

Como todavía no sabía muy bien qué hacer a aquellas horas, sacó el móvil del bolso. Tenía varios mensajes de Andrea.

21:08 -no vas a hablarme más? en serio estás cabreada?
21:09 - déjate de tonterías y contéstame las llamadas, por favor
21:11 - podrías comportarte como una adulta por una vez en tu vida

Amelia bufó, molesta y dolida, y lanzó el móvil al fondo del bolso sin responder al mensaje. ¿Quién se creía que era para hablarle así? Habían sido amigas durante los últimos tres años, la había ayudado en infinidad de ocasiones, incluso cuando no se lo merecía, ¿y qué hacía Andrea? Esperar que Amelia lo siguiera haciendo mientras ella no hacía absolutamente nada.

Justo cuando iba a cruzar hacia las Ramblas, sintió una mano cerrarse alrededor de su codo con cuidado pero con determinación. Se dio la vuelta con el susto en el cuerpo, pero no fue capaz de decir nada al ver allí a Daniel, con la mano todavía en su brazo. La soltó cuando conectó su mirada con la de Amelia.

—¿Me he dejado algo? —preguntó, preocupada. Era un poco desastre y siempre se olvidaba de coger la bufanda o cualquier otra cosa.

—Quería disculparme. No me he portado bien contigo.

Amelia, nerviosa y sin saber muy bien qué responder, se colocó bien el bolso.

—No te preocupes. Es normal que reaccionaras así, lo entiendo.

—¿Te ha pedido que vengas? Andrea, quiero decir, ¿te ha mandado ella?

Con un suspiro, Amelia negó suavemente con la cabeza.

—No pensaba venir, ya te lo he dicho. Me sentía mal y pensé que sería buena idea venir y decírtelo, para que no te preocuparas por ella al no aparecer.

Daniel miró al suelo, pensativo. Parecía nervioso y tan confundido que Amelia sintió una ternura que no esperaba.

—Oye, ¿estás bien? —dijo, preocupada. Daniel la miró de nuevo pero no respondió—. Siento que haya pasado esto, y no sé si haber venido lo ha hecho todo peor, pero no era mi intención. Es que pensé que sería mejor que al menos tuvieras una razón. Mejor una decepción que tener que lidiar con la incertidumbre, ¿no?

La sonrisa sincera de Daniel la sorprendió. Siempre se fijaba en los pequeños detalles de las personas, y ver sonreír a alguien de manera tan espontánea y sincera era algo de lo que pocas veces podía disfrutar. Casi sin querer, le devolvió la sonrisa.

—¿Quieres…? —Amelia alzó las cejas, esperando el resto de la pregunta—. ¿Quieres dar una vuelta? Ya que has venido hasta aquí. ¿Te apetece?

Tenía que decir que no. El chico que tenía frente a ella, con las manos en los bolsillos del abrigo y una sonrisa nerviosa en el rostro había quedado con su amiga, no con ella. Seguramente sólo quería una distracción para olvidar el plantón y la decepción de Andrea. Lo más sensato era disculparse y volver a casa.

Pero a veces, sólo a veces, la boca va más rápido que la cabeza y todo cambia sin que podamos hacer nada. Así que Amelia habló, y lo hizo rápido.

—Vale. ¿Izquierda o derecha?

—Tú mandas.
Ésta es la tercera parte de una historia corta que empecé a escribir tras terminar de ver uno de los capítulos de Cites, la serie emitida por TV3 y que se ha convertido en una de mis favoritas. No es nada especial, no buscaba nada, solo practicar un poco y jugar con los personajes y la situación, a ver qué salía. Espero vuestra sincera opinión. Podéis leerlo todo aquí ✍🏻
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