9/11/16

Seis años desde el primer souvenir

imagen
Los cumpleaños y aniversarios siempre son especiales. Son un día, uno solo, de 365, en el que celebramos algo que ocurrió una vez y que fue tan importante que queremos recordarlo cada año sin falta. El día que nacimos, el día que conocimos a alguien, el día que hicimos click en Crear blog y nuestra vida cambió sin saberlo en aquel entonces.

Palabritas no empezó solo. Éramos cinco chicas que empezamos un rinconcito que no sabíamos muy bien qué iba a ser. Al final Palabritas pasó a ser mío, pero ellas siguen siendo amigas, a pesar de las semanas sin hablar o de los kilómetros de distancia. Y a pesar de que al principio no tenía ni idea de qué escribir o si lo estaba haciendo bien, me hacía muchísima ilusión publicar reseñas u opiniones sobre películas, que es lo que era Palabritas al principio.

Con el tiempo fue cambiando. Tuve épocas en las que no me sentía cómoda con la idea del blog, pero seguía sin cambiarlo. Los cambios siempre me han dado miedo, y yo por aquel entonces no era valiente como empiezo a ser ahora. Hasta que un día, después de muchas semanas de abandono, decidí darle un nuevo vestido a este rincón y empezar una nueva etapa, mucho más personal y mía. Y ahí, justo ahí, me enamoré perdidamente de mi blog.

Parece mentira que ya hayan pasado seis años. ¡Seis! ¡SEIS! Y sí, se ha convertido en mi rincón, del que me siento enormemente orgullosa, pero lo mejor ha sido todo lo que cambiado en mi vida gracias a él. Descubrí que la literatura era algo más de un afición y acabé estudiando Filología, con todos los cambios que eso comporta. Pude entrar un poquito en el mundo editorial y descubrir que me apasiona, aunque sigo dudando si quiero que mi futuro vaya por esos derroteros. Pero bueno, eso es otro tema. Pero lo más importante, lo MÁS IMPORTANTE, es que gracias a este rincón, por surrealista que parezca ahora que lo pienso, conocí a los que hoy en día son mis mejores amigos. De manera más o menos directa, están en mi vida por Palabritas, y de eso sí que me siento orgullosa; de ellos, y de mí, y de cómo nos conocimos y de que hayamos seguido juntos todos estos años.

Lo que quiero decir, supongo, es que gracias. Gracias a vosotros también, por seguir al otro lado de la pantalla. Por cada visita o comentario. Por el apoyo, e incluso por la falta de él, porque de todo se aprende en esta vida. 

¡Chinchín! 🍾

8/10/16

Cosas que escribiste sobre el fuego (Clara Cortés)


Voy a ser totalmente sincera. Sí, Clara es mi amiga y la quiero con locura, pero ella sabe que siempre voy a ser sincera con mis opiniones sobre sus historias porque para eso estamos los amigos. Su anterior novela, Al final de la calle 118, me gustó muchísimo. Lo que más disfruté, sin duda, fue descubrir que Clara escribía tan bien. Pero mucho, ¿eh? Muy bien. Y aunque la historia y los personajes me resultaron muy originales, con los pies en la tierra e importantes, sabía que Clara podía ir más allá.
Ignasi y María estaban destinados a despedirse desde el principio.
Cuando María llega al instituto, todo el mundo conoce su historia: su madre se encuentra en coma en el hospital tras recibir una brutal paliza. Pero el pasado oscuro que acompaña a María no logra ensombrecer su paso y, en poco tiempo, se convierte en el centro de todos los círculos. Sus sonrisas y ocurrencias la hacen brillar entre la multitud.
Ignasi lleva años en el mismo instituto y si algo lo define es su capacidad para pasar desapercibido. Nadie repara en él, salvo sus dos amigos de toda la vida. El silencio es su escondite y lo conoce muy bien. Por eso enseguida se da cuenta de que, tras las risas y cumplidos de María, hay alguien que calla un secreto.
Cuando los caminos de María e Ignasi se cruzan, sus vidas se complican. Y es que, si te une el silencio, el equilibrio se rompe cuando se empieza a oír la verdad...
Cosas que escribiste sobre el fuego es importante. Por varios motivos. El primero, y uno de los más importantes, es su narrador. Y es precisamente Ignasi como narrador (no como personaje, aunque también es maravilloso) el que nos lleva al segundo motivo: Clara como escritora. Si algo disfruto de una novela es cuando el escritor o escritora desaparece para cederle la voz al narrador, y consigo, por fin, escuchar la voz de éste y no la del autor. Y es que Ignasi, casi desde la primera página, tenía una voz tan clara y propia que incluso a veces me lo imaginaba suspirando o trabándose en alguna palabra mientras me explicaba su historia con María. Porque sí, Ignasi te habla a ti, pero no para que sepas la historia, sino para ser capaz de contarla. Y eso, como decía antes, es importante.

Su propia manera de narrar lo crea como personaje, y es a través de sus ojos que vamos construyendo a María Gaudet, la chica del cuaderno que se muerde los padrastros de la mano y que no siempre sonríe de verdad. Ignasi tiene una manera de ver el mundo tan íntima y especial que no puedes evitar acabar viéndolo de la misma manera. Párrafos y párrafos describiendo los ojos de María, sus gestos o qué cree que está pensando. Sus mejores amigos, Gonzalo y Harriet, son su balanza perfecta, y su amistad es tan real que no puedes evitar entenderles y enfadarte con Ignasi en algún momento, aunque a la vez quieras abrazarle y decir que está bien, que todo estará bien.
Luego, a la velocidad en que caen los árboles en los bosques donde nadie ve nada o a la de un fuego artificial en su vuelta al suelo, se recostó sobre la mesa y empezó a escribir.
Lo que ha hecho Clara en este libro es escribir. Escribir de verdad, no solo contarnos una historia. Es literatura, de la de antes y de la de ahora, la suya. Emociona e impacta en el mismo párrafo, no se anda con rodeos porque todo es importante. Cada palabra, cada coma, cada espacio. Un mini universo en la mente de Ignasi que se expande hacia María, sus dibujos, el pueblo, los viajes en bus, sus amigos, su hermana, sus padres, su ansiedad, sus miedos. Es ese universo en el que nos sumergimos de tal manera que acabamos olvidando lo que nos dice Ignasi al principio y, al hacerlo, ya no hay vuelta atrás. La trama a veces desaparece sin más para dar paso a pensamientos, sensaciones o recuerdos, pero no es algo negativo, no al menos en esta novela. Es como una muñeca rusa en la que los niveles se van construyendo alrededor de Ignasi, niveles por los que se mueve María: desde el más exterior hasta llegar al centro mismo para después, sin más, salir poco a poco de nuevo.

No os diría que lo leyerais si no estuviera segura de que vale la pena. Pero es que de verdad, de verdad que vale la pena.

El 7 de noviembre en librerías
Twitter de la Clara
Reseña de Al final de la calle 118

GuardarGuardarGuardarGuardar
Pin It
Design by Winter Studio © 2015.
Si te llevas algo, no olvides mencionar la fuente ♥